Sesgos cognitivos y políticas de igualdad

 En Curiositá, El Prisma

Francisco Javier Cantera Herrero

Presidente Auren Consultores y Fundación Personas y Empresas

La economía conductual o psicología económica nos enseña que tenemos inserto en nuestra capacidad cognitiva, una serie de sesgos que distorsionan inconscientemente nuestras apreciaciones conscientes. En el artículo de Daniel Kahneman, psicólogo que ganó el premio nobel de Economía en 2002,  “La falsa ilusión del éxito” nos destaca esos ocho sesgos cognitivos que conviven con nosotros. Y estos sesgos aparecen de una forma clara cuando hablamos de los debates bizantinos de la igualdad. El otro día en un Comité de Dirección se estableció una discusión de igualdad donde emergían estos sesgos y fue muy útil una serie de reflexiones sobre los mismos. Todos tenemos tendencia a utilizar estos sesgos, que surgen de la preferencia de economizar energía de nuestro querido cerebro. En este sentido, suelen ser las generalizaciones del sentido común habitual que conllevan una forma de pensar automática que puede cometer enormes errores en nuevas temáticas como la igualdad. Estoy seguro de que veréis reflejados muchos argumentos que habitualmente empleáis en acaloradas discusiones de igualdad de género. Vamos a analizar cada sesgo en nuestras temáticas de igualdad:

  1. Exceso de Optimismo: En las discusiones de las diferencias de género siempre hay sobrevaloración de lo que se considera “nuestro”. Esta tendencia natural de distorsionar nuestra valía se observa en el discurso de los estereotipos sobre el valor de cada género, como también pasa en las manidas diferencias entre las generaciones. Atribuir capacidades, conocimientos y actitudes generalistas por ser de un género me recuerda las discusiones que se basan en valorar lo diferente e infravalorar lo igual. La igualdad empieza aceptando que toda persona individualmente puede tener aptitudes y actitudes diferentes independientemente del género.
  2. Heurística del afecto: La implicación emocional en una temática de igualdad supone buscar justificación para tener razón. La igualdad es racional pero la lucha por la igualdad se convierte en una enconada emoción. Y es precisamente la alta dosis de emocionalidad lo que obnubila cualquier actuación. La empatía y la disociación de la persona y la idea nos sirve para evidenciar la “niebla mental” que nos lleva la emocionalidad de la causa.
  3. Sesgo de saliencia: La extrapolación de un suceso memorable a la situación actual no suele ser adecuada. El propio ejemplo o hecho nos lleva a pensar en una lógica que no es la que requiere la situación. Extrapolar ahorra energía de pensamiento, pero enmascara razones potentes y específicas de la situación. En discusiones de género, es frecuente poner sucesos memorables de enorme carga emocional encima de la discusión.
  4. Sesgos de confirmación: Buscar datos para confirmar lo que ya creemos, es más fácil que cambiar lo que creemos. Este sesgo es muy habitual en igualdad, por la cantidad de ideas preconcebidas que tenemos sobre la igualdad de género. Lo ves, lo ves… supone una confirmación de lo que creo que debe ser.
  5. Sesgo de la disponibilidad: Según la información que tenemos tomamos las decisiones. Es importante analizar la cantidad, la calidad y diversidad de la información para enriquecer una decisión. Si tenemos poca información, de emisores no fiables y un único medio es muy probable que nuestra decisión este sesgada. Leer ideas contrarias enriquece tu perspectiva de igualdad de género.
  6. Sesgo de anclaje: Todo el mundo tiene anclas mentales fruto de nuestra historia de aprendizaje, son creencias limitantes porque en las discusiones de igualdad nos economiza el esfuerzo de relativizarlas. Tus creencias conducen tus razonamientos por el camino de tu realidad, no de la realidad vista por los demás. Y como la realidad humana es una realidad creada socialmente habitualmente nuestras anclas evita comprender otros puntos de vista.
  7. El efecto halo: El éxito pasado no es lo único que predice el éxito futuro, lo exitoso en un momento no implica que sea adecuado para otro momento y otra situación. Si es habitual que el cerebro intente prevenir el futuro desde el pasado, pero este proceso de arrastre del pasado hacia el futuro puede cometer muchos errores. En igualdad no debemos mirar lo que han hecho otras mujeres o hombres sino lo que en este momento podemos, debemos y creemos que podemos hacer.
  8. La aversión a la pérdida: Tener más miedo a perder lo que tienes a poder arriesgarte para tener mayores ganancias. Nuestro cerebro intenta ante todo no perder, aunque empatemos habitualmente, nunca aceptaremos el reto de la igualdad. No querer lo mismo, si no arriesgarme a algo nuevo para ser mejor es una actitud habitual en la disputa de género. Me gusta la caballerosidad y luego no acepto que me diferencie.

En fin, en los Comités de Igualdad se vendía muy bien tener presente estos sesgos que distorsionan multitud de discusiones. La universalidad de los sesgos nos lleva a aceptar que un entrenamiento previo sobre ellos nos haría más igualitarios:

  • No sobrevalorar nuestras capacidades de género e infravalorar el otro género.
  • Poner distancia al afecto de la discusión, calmando emocionalidades históricas.
  • No extrapolar ejemplos y sucesos memorables que obvian la discusión de género en el aquí y ahora.
  • No buscar datos para confirmar nuestras creencias y abrirse a los datos contradictorios a nuestro pensar.
  • No decidir con información escasa, de poca calidad y parcial, pues no tener riqueza informativa impide mejorar la calidad de nuestra decisión.
  • Identificar nuestras anclas mentales o creencias nos limita a aceptar un punto de vista nuevo.
  • No generalizar el éxito futuro por el éxito pasado. La experiencia debe adaptarse al feedback de las situaciones.
  • No buscar más el no perder lo que tenemos más que arriesgarte a tener más oportunidades de ganar.

Los sesgos cognitivos son un gran freno en las discusiones “calientes” de igualdad de género. Si todos pasamos por una ITV mental para afrontar el debate con realismo y pragmatismo estoy seguro de que podemos obtener grandes resultados. Y para acabar hay que destacar el enorme valor de las investigaciones de Daniel Kahneman que nos hace pensar más probabilísticamente y menos encerrados en nuestra heurística personal fruto de nuestras experiencias. Y como bien dice él “Podemos estar ciegos para lo evidente y ciegos, además, para nuestra ceguera”, en igualdad de género, a veces, nuestra ceguera es no ver que nuestra mente parte de presupuestos no igualitarios. Pensar en igualdad es aceptar que tu mente tiene sesgos no igualitarios.

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